9 de octubre de 2007

ERRAR ES HUMANO, PEDIR PERDÓN ES DIVINO

La renombrada atleta norteamericana Marion Jones reconoció el domingo pasado que había tomado drogas para competir y sacar ventaja deportiva en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. En esa oportunidad, la corredora ganó tres medallas de oro en los 100 y 200 metros, y en la posta 4x400.

Lo que me interesa de esta noticia del mundo del deporte es observar el pedido de perdón de Jones, una ídola del atletismo de los Estados Unidos, a la salida del tribunal. A mi modo de ver, aunque tardío, constituye un buen ejemplo de lo que hay que hacer en una circunstancia similar. La atleta estaba desencajada, abrumada por la vergüenza, llena de lágrimas y sin ninguna pose planificada. Todo lo más, salió, pidió perdón y se marchó. Naturalidad pura, y mitigación del daño causado por la mentira en su conducta.



El pedido de perdón depende del medio cultural en el que se produzca. Las expectativas del público no siempre son tan elevadas.

El caso de Marion Jones es un modelo de comunicación en el escenario público, que muchos deberían tener en cuenta para su propia experiencia. Exige madurez en quien lo realiza, y también en el público que debe reclamarlo. Cuando el emisor sabe que su público no tiene una expectativa de exigencia demasiado alta, eso resta incentivos a conductas éticamente buenas y estimula un silencio que se limita a "hacer la plancha" y esperar a que todo se olvide.

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