29 de abril de 2009

LOS POLÍTICOS TIENEN QUE SER MEDIÁTICOS

El martes 28 de abril el diario cordobés La Voz del Interior publicó una columna del consultor y docente Mario Riorda titulada "12 Consejos Electorales para Políticos". En una síntesis muy breve, podríamos destacar algunos de ellos: no abrir demasiado la lista de candidatos a personas que no representen las ideas del partido, generar ideas y valores antes de las propuestas, no ir contra las instituciones, limitar la negatividad frente a otros candidatos, saber que la ideología siempre está presente, y tener en cuenta una estrategia a largo plazo. La nota completa puede leerse aquí.

No quería dejar de compartir estos sabios consejos de Riorda, que a mi humilde entender tienen una lectura pragmática y una lectura ética perfectamente complementadas. Ahora bien, ese texto me trae a la cabeza una inquietud paralela, ya en el plano de la práctica cotidiana: ¿Qué pasa cuando un político que se postula para un cargo electivo no es propenso a salir en los medios?

Una campaña, además de las clásicas recorridas casa por casa y los actos presenciales, exige un paseo inagotable por la radio y la televisión, durante toda la jornada. No se permite allí la menor distracción, y unas simples ojeras pueden resultar en un punto en contra, porque el candidato ya luce cansado antes de haber asumido el cargo para el que se postula, tal como le ocurrió a Richard Nixon en el famoso debate televisivo que perdió con John Kennedy. Las dichosas ojeras son visibles en la imagen en blanco y negro, imagine el amigo lector lo que serían hoy en día. La postura corporal y la expresión de Kennedy y Nixon -que no había querido maquillarse- comunican mucho, como se observa en la parte que he dejado aquí.



Ese fue el primer debate y el primer uso profesional de la TV por parte de un político en campaña (Kennedy). El "efecto halo" empezaba a ser tenido en cuenta.

Hoy sigue habiendo políticos que gustan de los medios y lo toman como algo natural, pero la necesidad de aparecer en ellos ya es indudable y se toma como una parte más del juego, que tienen que jugar aún los que no se sienten cómodos frente a una cámara. La política tiene mucho de teatralización y emocionalidad.

Dice el semiólogo Raúl Barreiros en "Estrategias Discursivas y Políticos Mediáticos": "Un político tiene la obligación de ser mediático, y esto no es pasible de sanción moral. Por supuesto, no con la enunciación que recibe este término entre los comunicadores profesionales. Los medios son la única manera que tiene de que sepan quién es él, qué se propone, qué lo diferencia de los otros políticos; debe dar la oportunidad de que se vea el error de su verbo. Nadie puede pensar siquiera en tener un líder desconocido, ese planteo está al borde de la paradoja o de la mística religiosa".

En Comunicación Electoral también se refirieron al tema de los debates, y Guillermo José Pedrotti, por su lado, se hizo eco de la nota de Mario Riorda.

26 de abril de 2009

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA COMUNICACIÓN INTERNA

En este espacio hemos insistido siempre en la necesidad de que los jefes -eventuales líderes- y sus organizaciones escuchen al empleado y le reconozcan algo que va más allá de los fríos números. El contrato no solo es económico, sino también psicológico, y toda persona tiene una urgencia por ser valorada, aún con la simple escucha -que no es solo auditiva- de sus inquietudes y temores. El líder recibe una realidad y actúa para mejorarla, no se oculta de ella ni la menosprecia.

A este respecto, traigo aquí una oportuna nota que La Nación publicó en su suplemento Empleos sobre la inteligencia emocional. Dejo el link para que el amigo lector la recorra tranquilamente, pero cito un par de párrafos que me parecen de gran valor:

"En los años 90 se privilegiaron las competencias técnicas y la asertividad, el perfil de la persona muy segura de sí misma que no duda, no se equivoca. Pero a partir de 2001 las compañías se dieron cuenta de que esos líderes tenían muchas dificultades para relacionarse. Y empiezan a buscar personas más equilibradas y a valorar la IE, que trae de nuevo la necesidad de integrar la dimensión intelectual, emocional y social del ser humano, sin olvidar la espiritual. Todas estas capacidades son valiosas y deben desarrollarse de manera equilibrada para que las personas puedan relacionarse con los otros de manera constructiva", expresa Fernando Moyano, gerente de Capital Humano de Auren."

"Sin costo monetario, (Jorge) Fiszer (especialista en IE, investigador, docente y coordinador de Vistage Argentina) destaca la importancia de los reconocimientos cordiales para favorecer la motivación: "Los incentivos económicos, bienvenidos sean, pero no alcanzan. La gente valora mucho más el salario emocional, que tiene que ver con el buen trato; con que el líder sea muy cuidadoso cuando critica y muy eufórico cuando elogia".

Agregaría a lo último: Y que el líder, además de tener inteligencia emocional, sea creíble. No basta con que elogie en coloridos términos a sus colaboradores, o les diga que los valora y los escucha, si estos no le creen debido a actitudes que ponen en duda esas palabras. La confianza, condición "sine qua non" de la buena comunicación, se puede quebrar en solo un día, una hora o cinco minutos. La inteligencia emocional también está ligada a una inteligencia ética, que busca lo bueno porque es bueno, y que además ve en ello lo conveniente.

6 de abril de 2009

ERES LO QUE ESCRIBES

En este espacio hemos insistido en la necesidad de escribir con propiedad, sin errores de ortografía ni recursos de bajo calibre para atraer la atención. Escribir bien refleja orden y detallismo en las personas, además de ser una cualidad profesional altamente valorable.

Ahora me he enterado de que existe un movimiento -si es que se le puede llamar así- al que han adherido un buen número de blogs, y consiste en promover el buen uso de la lengua española. Calculo que no será el único, pero por algo se empieza, y he colgado el logo de la campaña, que es el mismo que ilustra estas líneas, en el margen derecho del blog.

Parece mentira, pero seguimos encontrando en diarios, gacetillas y publicidad gráfica unas faltas de gramática y ortografía que desmienten a los diplomas universitarios (y a veces, en comunicación) de quienes las cometen.