30 de julio de 2009

LA CONQUISTA DEL PODER Y LA POLÍTICA-ESPECTÁCULO

El libro que ha ocupado mis últimas semanas, además del que ya he mencionado, es "La Conquista del Poder", que tal como indica su subtítulo estudia las elecciones y campañas presidenciales en América Latina. Esta obra conjunta de Ismael Crespo, Antonio Garrido y Mario Riorda -un amigo de la casa- es interesante para un politólogo y también para un comunicador. Quien ha estudiado ambas disciplinas tiene una satisfacción por partida doble.

Los primeros cinco capítulos se refieren a los sistemas electorales comparados y las tendencias políticas en los países de Iberoamérica, dentro del régimen presidencialista común a todos. La riqueza de gráficos y cuadros es enorme, al igual que la casuística.

A los ojos de un blog como éste, lo mejor está por llegar en los capítulos 6 y 7. El primero de ellos presenta un análisis comparado de las campañas electorales presidenciales, la influencia del sistema norteamericano y el rol de los medios de comunicación. Argentina y México son los dos países estudiados con mayor intensidad por su condición de referentes para muchas de las tendencias que se marcan a una mayor sofisticación, pero sin el abandono total de recursos tradicionales que se resumen en la expresión: "ganar la calle", frente a un electorado más reflexivo e indeciso al que cuesta más trabajo convencer, en el marco de una personalización (voto a las personas más que a partidos) y una homogeneización en los discursos, relativamente edulcorados y desprovistos de ideologizaciones fuertes.

En este aspecto, los medios son una referencia ineludible donde los candidatos buscan legitimarse a cualquier precio. La llamada espectacularización de la política suscita lamentos varios sobre la ausencia de debates serios en la campaña. Pero cabe la reflexión: los políticos deben sujetarse a las reglas de los medios y por ende adoptan posturas más acordes con formatos de entretenimiento. El ciclo "Gran Cuñado" fue motivo de discusión en la campaña, pero es evidente que benefició a ciertos candidatos en cuanto obtuvieron una visibilidad que sin él les habría sido difícil de lograr. Viene entonces la pregunta: ¿los candidatos y los medios son cómplices en el vaciamiento de ideas de la campaña, o el público pide más entretenimiento que reflexión? Tras esto subyace el viejo debate de si los medios influyen a la sociedad o solo reflejan lo que ocurre en la sociedad.

El capítulo 7 describe los principales modelos de campaña y los tipos de propaganda. En este punto me parece muy interesante llamar la atención sobre una cualidad que se va acentuando en las últimas campañas, tal como destacan los autores y ha podido observarse en la reciente campaña electoral legislativa en la Argentina: la comunicación negativa, es decir, la que busca restar votos al adversario por medio de su deslegitimación, su desprestigio o su estigmatización con referencias del pasado.

En el clásico "La Propaganda Política", del que hemos hablado ya en este espacio, Jean-Marie Domenach se refiere a este tipo de comunicación dentro de lo que titula "la contrapropaganda". Menciona allí, por ejemplo, el ataque personal al adversario o su ridiculización como recursos.

Más allá de lo que a cada quien le dicte la ética, la comunicación negativa es, desgraciadamente, un arma muy poderosa que sin embargo puede volverse en contra de quien la usa, si el electorado sospecha o -peor aún- tiene la certeza de que el mensaje es falso; entonces se vuelve un boomerang contra el cual es difícil escapar.

Una vez más, al igual que en la campaña-entretenimiento, dejamos la inquietud: ¿la campaña negativa es un producto original de los candidatos o es también un formato entretenido para un público en busca de competencias deportivas más que de debates intelectuales?

¿Qué tiene más rating? ¿Un político reflexionando sobre lo que hay que hacer en materia educativa o un candidato cantando un tema de Queen? La faz agonal de la política, es decir, la lucha por el poder, es un espectáculo frente al cual la gente busca informarse y decidir, pero también entretenerse y olvidarse un rato de sus propias responsabilidades republicanas, y los políticos también se alimentan de esa demanda para obtener legitimidad.

El libro "La Conquista del Poder", que ha motivado estas reflexiones, fue premiado en 2008 por la Asociación de Comunicación Política (ACOP) y constituye una obra de lectura imprescindible para todo aquel profesional de la comunicación política que busque estar actualizado.

28 de julio de 2009

LA COMUNICACIÓN BRITÁNICA EN LAS INVASIONES INGLESAS

En estos días termino de leer la obra "Las Invasiones Inglesas", de Carlos Roberts, un clásico del tema y seguramente el más completo aunque su primera edición sea de 1938. Como se sabe, nos situamos en los años 1806 y 1807, cuando Inglaterra intentó en dos ocasiones apoderarse definitivamente de Buenos Aires y Montevideo, y fue rechazada. En uno de sus capítulos, el autor describe "la propaganda inglesa antes, durante y después de las invasiones", y me parece interesante amenizar este espacio con algunos de sus párrafos. Ya había hecho algo similar con la conquista del Oeste estadounidense.

En primer lugar, la obra enumera los libros y mapas que fueron editados en esa época, entre los cuales se destacan "Emancipation of South America" y "Additional reasons for inmediately emancipating South America", del inglés William Burke.

Detrás de las invasiones inglesas a Buenos Aires, en 1806 y 1807, yacían intereses políticos (la lucha de Inglaterra con el poder de Napoleón en España) y fundamentalmente económicos (la necesidad del libre comercio, que España impedía). Por eso las cámaras de comercio inglesas también fueron parte activa en la propaganda en favor de la independencia argentina que les abriría las puertas del Virreinato del Río de la Plata a sus productos.

Esta propaganda, relata Roberts, "tomó la forma de pañuelos, abanicos, cajas de polvos, medallas, etcétera, con inscripciones alusivas, para ser distribuídas entre los habitantes de Sudamérica".

El libro, que recomiendo a todo aquel interesado en la Historia argentina, tiene ilustraciones de las medallas, con inscripciones que buscaban resaltar el "desinterés" de los ingleses y el respeto por la religión católica, con leyendas como "Florezcan artes, industrias, luces", "Religión y sus santos ministros protegidos" y "No es conquista sino unión".

Los dibujos incluían a un león rendido (España) a los pies de Gran Bretaña.

Cuando llegó la noticia de la toma de Buenos Aires por parte de Beresford, en 1806, Inglaterra mandó acuñar medallas para distribuir en el Río de la Plata, cuyo reverso rezaba: "Divinas y humanas leyes respetadas. Libertad personal y propiedad aseguradas. Franco comercio y extendido. Por la Gran Bretaña protegido. Buenos Ayres, el 25 Junio 1806". En una de ellas, curiosamente, brilla la imagen de la Sagrada Familia, cara a los sentimientos de los criollos.

En Londres, además, se paseó ante el público con gran pompa y ocho carros decorados con banderas tomadas al enemigo el Tesoro español que había sido traído de Buenos Aires por las calles, desde el puerto hasta el Banco de Inglaterra. Circuló también en esos días un panfleto de propaganda titulado "Dollars of Buenos Ayres", que exaltaba en tono de sorna la conquista del Río de la Plata. El texto en español puede verse aquí.

En mayo de 1807, en la Segunda Invasión, el brigadier Auchmuty, a cargo de la expedición, logró la toma de Montevideo y dispuso la creación del periódico "La Estrella del Sur" en inglés y español, que obraba como propaganda y se publicó entre el 23 de mayo y el 11 de julio de ese año. En "La guerra retórica de la independencia", artículo aparecido en La Nación en ocasión del bicentenario de ese hecho, el investigador William Acree describe a esta publicación y sus implicancias.

El amigo lector puede consultar algunos números de este periódico (cuya portada se observa a la derecha) aquí, aquí y aquí. La colección completa puede encontrarse en el buen sitio "Publicaciones Periódicas del Uruguay". De su lectura extraigo algunos párrafos:

"En esta región las ventajas de una imprenta libre hasta ahora nunca se han experimentado. Van a descubrirse. Nuestro objeto principal en conducirla será aumentar y alentar aquella armonía, concordia y amistad que debe siempre existir entre los súbditos de un mismo gobierno".

"El gobierno inglés desea vuestra felicidad de todo corazón y se halla interesado en la prosperidad de todos los habitantes. Vienen los ingleses, no como conquistadores sino como defensores. Quieren emanciparos de la servidumbre, y entregaros vuestra justa libertad".

"La Inglaterra en sus conquistas sigue un camino diferente (Nota mía: diferente al de Francia, contra quien luchaban en Europa). Sus victorias son compasivas y humanas. Viene como el ángel de la paz seguida de sus compañeras la tolerancia, libertad y justicia".

"Las provincias que han logrado la protección británica en nuestros tiempos son un testimonio incontrastable de la tolerancia y equidad de esta nación. Ella ha respetado siempre en todas partes el culto cristiano, y abriga aun en su propio seno el catolicismo". Este último párrafo, que formaba parte de una imaginaria carta de un inglés a un amigo en Buenos Aires a quien le explicaba las bondades de Inglaterra, exhibe la preocupación británica por mostrar que no atacarían la religión católica, tan importante en la vida de la colonia.

En "The Southern Star" se publicaban además poemas, avisos comerciales y anuncios de llegadas de buques mercantes al Río de la Plata, entre otras cosas.


La caricatura de más arriba representa en forma obviamente burlona a Napoleón al recibir la noticia de la ocupación inglesa de Buenos Aires. Francia era la gran enemiga de Inglaterra en ese momento.

El fracaso de la invasión tuvo eco en el Times, el decano de la prensa inglesa, con duras críticas a la forma en que se había manejado la situación en el ámbito bélico pero también en el de la comunicación con los habitantes de Buenos Aires. Justamente, la falta de un mensaje claro sobre los objetivos de la invasión fueron una causa importante de la reacción defensiva. Una tercera invasión, que sí se proponía darle la independencia al Virreinato ante su colonizador, se desvió justamente a España cuando ya iba rumbo a Buenos Aires, debido a la lucha contra las fuerzas napoleónicas.

Cabe destacar que del lado de los criollos, el resultado de las Invasiones Inglesas trajo entre otras cosas el cambio en la nomenclatura de las calles de Buenos Aires, y la publicación de odas y poemas que difundían y elogiaban el hecho histórico, con autores como Vicente López y Planes, posterior autor de la letra del Himno Nacional Argentino, de quien rescatamos estas coplas:

Una nación que ha visto hasta el Olimpo
Encumbrado su nombre ¿Sufrir puede
Ser burlada de míseros vecinos?
Vosotros sois los célebres britanos
Que os gloriáis de haber solos resistido
De Napoleón el soberano esfuerzo?
Vosotros sois aquellos que habéis dicho
A la faz de la Europa de un britano
Es bastante a rendir cuatro argentinos?

Como se ve, eran estrofas que tenían como fin alzar la batalla a la altura de una historia épica en el sentimiento nacionalista que surgía.

Sería materia de otras líneas un breve ensayo sobre la comunicación de los patriotas en la Revolución de Mayo y la lucha libertadora de José de San Martín. Bástenos por ahora con un apretadísimo bosquejo de las Invasiones Inglesas, de las que germinó esa idea independentista.

18 de julio de 2009

MICHAEL JACKSON CONTRA MICHAEL JACKSON

La reciente muerte del Rey del Pop, a quien ni siquiera es necesario mencionar por su nombre, produjo innumerables artículos, reportajes y reflexiones en los medios de comunicación tradicionales y comunitarios. Uno de ellos (que me envió mi mamá, cabe el crédito) me hizo pensar en el personaje que terminó tragándose al músico. En el Wall Street Journal, Bill Wyman escribió el 15 de julio último "La Tragedia de Michael Jackson". Allí critica la tendencia masiva a victimizar al músico y afirma que fue él mismo quien terminó siendo su peor enemigo, con su énfasis en la apariencia estética, su desprecio de la creatividad musical que lo había lanzado a la fama y su incursión en "absurdas campañas de relaciones públicas".

Muchos artistas modernos -y deportistas también- ya no basan su reputación solo en su creatividad sino también en verdaderas maquinarias de marketing y comunicación que los sustentan y terminan siendo su principal sostén cuando la experimentación musical y la imaginación se van esfumando en pos de una abultada cuenta bancaria y un aburguesamiento condescendiente consigo mismos. El caso de Michael Jackson, en este punto, no difiere de otros que por no ser antipático no mencionaré, pero se destaca por su triste y repentino final.

Esta reflexión viene a cuento de que la comunicación es capaz de crear verdaderos monstruos que se alejan de sus originales. Lo que empieza como un complemento termina siendo el centro del personaje, y el arte -o sea, la razón de ser de la marca- queda relegado a una mera condición accesoria bajo una máscara que por definición es artificial.

Michael Jackson era de tez negra y con un rostro diferente al que tenía en su última época. Su apariencia física es toda una metáfora ¿exitosa o violenta? de lo que la comunicación -en este caso, a través de recursos de imagen entre sus seguidores y el mercado de la música pop- puede alcanzar, pero también puede ocasionar en términos de efectos no deseados. El "show business", que le dicen...

Michael Jackson se transformó en un producto de consumo y lo hizo con maestría, ya no como músico sino como una marca provista de atributos a la medida de la demanda. Pagó un precio demasiado alto por ello, cuando la marca se devoró la identidad original de su dueño. Tal como señala Bill Wyman en el final de su excelente nota: "Michael Jackson era más viejo que Elvis cuando murió, pero murió de la misma manera: solo con la única persona que podría haberlo salvado".